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Carta a las lectoras_

Mi muy estimada Lectora e intrigado Lector, Me presento, soy El Cuerpo de Erika Irusta.

¿De qué va toda esta historia? El cuerpo, ¿de quién? ¿‘El Cuerpo’ escrito en mayúsculas?

Allá voy.

Esta es la historia de un cuerpo. Un cuerpo vulnerable. Un cuerpo vestido de mujer. Un cuerpo menstruante. Un cuerpo cíclico que da la vuelta al mundo en 26 (a veces 30) días. Es la historia del cuerpo de una niña maltratada. El cuerpo de una no-hija unicornio. Es la historia de un cuerpo escrita por el mismo cuerpo. No a pesar de este ni por encima de él, sino desde y por él mismo.

Es decir, por mí. Es una historia en la que Erika Irusta solo es una excusa, alguien que firma el libro pero no quien lo escribe. Pues la única escritora posible soy yo, su cuerpo. Soy el cuerpo de este animal humano haciéndose palabra desde los cambios químicos del ciclo menstrual. Soy cuerpo que se obceca en decirse para conocer la verdad. Pero ¿cuál es la verdad del cuerpo? ¿Hay una para cada uno de nosotros? ¿Quién necesita saber la verdad? ¿La sobreviviríamos? Y Erika, ¿sobrevivirá ella? Todo depende de mí. De mi par de pulmones y mi voluntad para resistir. En tus manos tienes un libro-documental. Una experiencia escrita en tiempo real no solo desde las tripas, sino por estas. Aunque si tuviera que declarar qué parte de mí ha escrito más, diría que casi todo ha sido escrito por y desde el coño. En efecto, desde mis profundidades abisales, yo -El Cuerpo de Erika- hablo la lengua prohibida. La lengua de los flujos, los humores y los cambios ocultados. Durante tres ciclos, las palabras cambiarán de color, aroma y sabor según la química ordene y el entorno mande. Gracias a este registro en forma de diario, Erika puede mostrar que los cuerpos menstruantes (muchos de ellos vestidos de mujer) no estamos locos, sino que somos cíclicos. Sumado a sus seis años de experiencia como pedagoga menstrual y habiendo creado la única comunidad educativa online sobre el ciclo menstrual, por fin ha creado la experiencia que buscaba: un artefacto literario donde evidenciar cómo en el cuerpo de una menstruante (una mujer) habitan otros cuerpos. La muestra parte de mí, de mi voz, mis miedos y mis deseos registrados a lo largo de 82 días (3 ciclos). Por vez primera, más allá de la teoría y a pesar de su más o menos bien amueblada cabeza, he podido tomar la palabra y abrirme, en sangre y tinta, para que puedas tocarme, entenderme, acogerme y comprobar lo que millones de cuerpos cíclicos sabemos. Y es que, lejos de ser un único cuerpo, soy como mínimo, cuatro. Cuatro cuerpos en uno, cuatro mujeres en una, cuatro vidas en 12 pares de costillas.

Te invito a emprender un viaje a un cuerpo que escala hasta al Sol en una semana para acabar buceando, en la siguiente, en las oscuras aguas abisales. Un cuerpo que cada 6 días (a veces 7) cambia de estación. El mismo cuerpo que se come el mundo una semana después de haber sido devorado por este. Te convoco a un viaje único, uno que no necesita reserva de vuelo ni maletas. No vamos a viajar lejos, vamos a viajar dentro.

Eso sí, todos los viajes necesitan de unos requisitos previos. Aquí solo encontrarás uno pero de obligado cumplimiento: tráete tu cuerpo. Sin él vas a perder el tiempo. No vale entrar de puntillas con tu brillante cabeza. Por supuesto, puedes tomarte tu tiempo y como haces en la piscina de verano, puedes meter un pie tras otro hasta cubrirte por completo. Entiendo que esta condición requiera un momento para reflexionar y que, una vez pasado, quizás acabes por declinar mi invitación. Sí, lo sé. Es arriesgado bajar hasta el cuerpo propio y habitarlo, especialmente porque cuando una llega hasta sus tripas es imposible huir de nuevo a la cabeza. Espero que te parezca bien. Aunque honestamente, entre tú y yo: ¿Quién puede vivir en tan minúsculo y asfixiante lugar? ¿Por qué vivir en tu cabeza cuando puedes vivir en todo ese cuerpazo? De acuerdo, no nos conocemos aún y no debo presionarte, pero entiende mi extrañeza. Extrañeza y dolor, porque te confieso que haber sido abandonado nada más crecer me ha roto de maneras que ni imaginas. O quizás sí. Por eso necesito que me acompañes, para que seas testigo, no solo del cuerpo que soy, sino del cuerpo que también eres tú. Ya que tú (El Cuerpo que Eres) también sabes lo difícil que es sobrevivir siendo ignorado, maltratado, evadido, ‘superado’. Somos imprescindibles para la vida (su vida), esta vida que ocurre a través de nosotros pero sin nosotros.

Harto de estar sometido al silencio y a la contención, me hago palabra. Me niego a seguir siendo vivido sin contar conmigo, a ser El Imprescindible Prescindible, el Descartable, el Traidor, El Fallo. Sin mí, ella no es nada ni nadie. Mi química no es una ecuación a resolver, mi ciclo no es un peaje a pagar. Yo soy Cuerpo. Cuerpo Cíclico, Cuerpo Mutante.

¿Y tú? Tú también eres Cuerpo, aunque te esfuerces en evitarlo. Ha llegado el momento: ¿Vienes?

Recuerda: No vamos lejos. Vamos dentro, hacia el mágico e inexplorado mundo del cuerpo menstruante. Un cuerpo habitado por otros cuerpos. Un cuerpo que es uno, un cuerpo que es cuatro. Ven conmigo a descubrir cuántos cuerpos caben en uno.
Te espero a la vuelta de la página. Tómate tu tiempo y por favor, ¡no te olvides de traer a tu cuerpo!

Excitado y algo nervioso, firma:
El Cuerpo de Erika Irusta
En fase menstrual mutando a preovulatoria.

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